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Cada hombre y cada mujer es una estrella.

A su alrededor las órbitas, interactúan con los demás:
Danzan, se precipitan, se influencian.

Cada cual con sus ciclos, regidos en tiempo y espacio
por la gravedad universal.

Si es verdadera la voluntad,
aparece la inercia,
y lleva, y lleva.

Se precipitan, se influencian, 
chocan planetas, 
se eclipsan o se alinean.
Se van. 
Se vuelven a encontrar.
Soltar.


Cada hombre y cada mujer quiere ser lo que realmente es.

Si la voluntad es la verdadera,
el espíritu se alegra,
y crea, y crea.

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¿Quién es el perfecto?¿Dónde está?
Vamos a atacarlo.
Yo destaco sus defectos para sentirme perfecto.
Yo destaco sus (mis) defectos para intentar escucharme.
Yo me escondo en mis prejuicios.
Yo soy mis prejuicios.
Yo hago todo lo que puedo para escuchar mi alma que ignoro.
Yo soy reflejo.
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Y ahora vuelvo, debo seguir, estoy enamorado ¡sí! 
Pero ya no de una mujer, sino de miles, ya no de un hombre, sino de todos. Con semejante dolor, el cambio es abrupto, es fuerte y para siempre. Destruyo y destruyo y destruyo. Soy un demonio encadenado, pero un corazón valiente y hermoso revive en mi el fuego, y en un acto de inconsciencia, la fuerza es extrema y las cadenas destruyo. ¡AH! libre, recupero el color, brotan alas al fin: las extrañaba, las miro y lloro, y no lo puedo creer, somos uno de nuevo.
No puedo ser retenido, no puedo ser encadenado, destruyo y lastimo. Mis amarras duelen, están encarnadas, desde las costillas, desde toda la piel, desde el cuerpo consumido y el brusco tirón lastima y destruye y rompe todo a mi alcance: esa bella flor, pura que sabía calmarme, yo la lleno de fuego, la marchito, pero se que estará bien, es natural y resurge, la amo, es una flor pura y yo admiro la pureza.
¡Ahora sí! la piel renace, vuelvo a vagar, por la tierra y soy tierra, y el cielo ya no me juzga, ya no me juzga. Arriba puedo ver, y es tan hermoso, no espero una respuesta de las estrellas: las estrellas no hablan, pero yo las comprendo. 

Y eso es todo lo que quiero, eso es todo.
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Luego ella: danza en el baile de los círculos, de los ciclos, como todos. La vi cuando su planeta se alejó, cuando el mío sintió otra gravedad. Todos son testigos. Esto va mas allá que lo moral, que esas reglas estúpidas. Todos lo sabemos, pero la bronca de someterse a esas reglas ¡ah! la gente habla ¿y qué mas podían hacer? todos queremos sanarnos.
Luego un círculo apareció, en forma de coral, girando: “mira su estela -me digo- la reconoces, es ella, mira su cola cósmica, es la sirena de lo astral, es ella sí!”
Abro mi telescopio de esencia, posiciono mi único ojo sobre los lentes diamantinos, y veo. Y siento, como la visión descarga en mí un profundo escalofrío. Eléctrico.
¿Amerita el encuentro una ceremonia? Sí, pero yo no soy quien la predisponga. Mi círculo cósmico esta atravesado por otros planetas. Debo accionar la gravedad ¡rápido!
Atracción, repulsión. Explosiones, supernovas. Listo, el destino está en camino.
Y es el momento: nuestras órbitas se funden, no chocan, sino se atraviesan.
Las órbitas codificadas entrecruzan sus llaves y cerraduras, sus símbolos. Y se rearman como dos creadores que re descubren las piezas que antaño habían cifrado: ocultas para todos, tan bellamente visibles para ellos mismos.
Etapa: reconocimiento.
Sin recelo, sin restricciones, desnudez.
¿Cómo estas? no nos preguntamos, hacemos.
La invasión es placentera: ya nos conocemos.
Cuore, centro, núcleo.
¡Qué increíble! Ese centro, rodeado de las órbitas geométricas. Ese corazón, que solo lo protege el miedo, ahora se abre. Se abren los dos ¡y al mismo tiempo! qué espectáculo cósmico. Tan adentro, tan profundo, que ya es afuera.
Dos núcleos que se encuentran, a tomar un sorbo de cada uno. ¡Claro! es un intercambio. Y ninguno tiene una ambición. Ninguno quiere invadir, ninguno quiere cambiar, ninguno quiere apoderarse, ninguno cree que descubrió nada, que es mas, menos, mejor, lo que sea. Es un intercambio y ya. Y en la esencia se ve la intensión, la verdadera intensión. Se siente: celeste, brillosa, ígnea, pura.
La danza sigue, ahora llevamos el mismo tempo. Mis constelaciones, con sus millones de partículas, brillan mas que nunca, y al ser ahora translúcidas, veo las de ella a través, en superposición, danzando con un tempo impensado, incalculable, ilógicamente coordinado, solo descifrado por la unión, por la gravedad astral, que es el amor universal.
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Se nos ha plasmado ingeniosamente que la vida desinteresada es aburrida.


                                       "La vida sin ambiciones es morir"


Yo pido, muevo la tierra para cumplir intereses. Ellos piden, dan mierda, propaganda, productos nocivos: la codicia devora, y el mercado está saturado.

¡Sí, ya se! Esto no es nuevo.

"¡Todos lo sabemos!"

¿Lo sabemos?

"Yo no soy ambicioso" dice mientras planea su futuro acomodado.

Si escucho en las profundidades, bien al fondo de un océano de deseos implantados, de visiones codiciosas, de porquerías efímeras, de palabras ociosas, está mi verdadero yo, casi ahogado, pidiendo a gritos:

"¡Libertad!"

Ah... tanto poder, el cuerpo, la mente, el espíritu, la voluntad y la imaginación ¡Y sincronizados!

Tanto que no sabemos usarlo, nos desconocemos y somos usados...

...

"¡Sí, ya lo sabemos!"

¡Claro que lo sabemos! 

De otra forma no podríamos ignorarlo


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